De visita por Pucón, ascender al volcán Villarrica resulta una cita obligada… para aquellos que cuenten con muy buen estado físico. La subida es un trabajo arduo pero con final esplendoroso y memorable. Especial para los amantes del turismo aventura.
Texto y fotos: Mariana Lafont

El Villarrica (o Rucapillán en mapuche: “casa del espíritu o del demonio”) es el volcán más activo de Chile y tuvo hasta el momento 82 erupciones siendo la más fuerte la de diciembre de 1971.
Con 2840 metros de alto, domina el Parque Nacional al que da nombre, es el símbolo de Pucón y seduce desde todos sus ángulos. Por eso la experiencia de asomarse a su cráter resulta tentadora e impresionante.
A las 7 de la mañana nos encontramos en la agencia, punto de reunión para recoger el equipo que nos habíamos probado el día anterior y comenzar la excursión.
A los 12 kilómetros ingresamos al parque y registramos nuestro ascenso. Era un noviembre muy atípico y hubo que ponerle cadenas al vehículo para llegar a la base del volcán. Normalmente el auto puede subir hasta la aerosilla del centro de esquí y recién después empieza la marcha. Pero aquella vez tuvimos que caminar desde una base totalmente nevada.
Los guías nos explicaron cómo usar la piqueta y cómo caminar con grampones.
Nos pusimos más protector solar, aseguramos las mochilas, cargadas con mucha agua (en todo el ascenso no hay) y con la vianda para el almuerzo.
A los pocos metros dos brasileñas se rindieron y abandonaron el grupo con uno de los guías. El resto seguimos caminando y no bien apareció un poco de hielo nos calzamos los grampones para ir más seguros.
A los 1900 msnm. comenzamos a subir en hilera haciendo zig zag, fundamental para todo ascenso. A partir de ese momento empezamos a sentir cansancio y, si bien no es una ascensión técnica, sí requiere buen estado, resistencia física y, sobre todo, mucha voluntad.
Afortunadamente parábamos cada 15 minutos y como costaba retomar la marcha el guía nos alentaba a seguir. Los pasos se hacían cada vez más cortos y la charla inicial del grupo dio paso a un profundo silencio para ahorrar energías al máximo.